¿Pero qué pasa? El blanco ser se empieza a tornar negro, pasando por toda la escala cromática de grises que seguro ya te es familiar. La inocencia perdida del ser que está pagando por tu acto de imprudencia que a nadie halaga, está petrificado por tu descartada culpa. Te quedas callado sin realmente comprender nada, pero sientes que un vacío nace en ti y tu psique se empieza a desmoronar como una piedra que es presa de la erosión. Cabizbajo, te quedas pensando en tu acto que ha asesinado tu única esperanza de comunicarte y tratar de solucionar las dudas que aún rondan los callejones de tu mente. Con la mirada ahora alta, te acercas al negruzco rostro del petrificado y te fijas que sus ojos, a pesar de ser obscuros, aún están de algún modo vivos, encendidos, te acercas más y dentro de ellos, el vivo par de perlas sombrías ves reflejado a un horrible y demoniaco ser, rabioso con espuma en el hocico, con movimientos de locura, salvajismo y brutalidad intrínsecas de los demonios; te lacera esa visión con terror y quedas inmóvil ante esos ojos que reflejan… así es, Reflejan. Te reflejan a ti, reflejan tus pecados, reflejan lo enfermo de tu psique, lo oscuro de tu ser, las manchas negras de tu alma, reflejan tus temores, reflejan tus vicios, reflejan lo que eres, reflejan tu sufrimiento, reflejan tu ignorancia, reflejan el más recóndito espacio de ti, eso que nunca quisiste mostrar y que ahora es una función exclusiva para ti, una retrospectiva de tu ya muerta alma.
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viernes, 20 de enero de 2012
jueves, 19 de enero de 2012
Reflejado en sus ojos VI
Un ser con rasgos andróginos, pero de belleza infinita y facciones que evocan a los cánones de belleza, rasgos que sencillamente confieren a ese ser tanta hermosura física que se puede incluso llegar a pensar que es más puro que la mismísima paloma blanca… y su mirada, tan profunda que en un descuido podrías ahogarte eternamente, y la piel de su rostro resaltaba por su blancura insuperable por nada que hayas visto jamás: no el marfil africano, el algodón americano, la porcelana asiática o la seda europea. Es ese un blanco contrastante en el mundo de las Sombras, blanco que se sentía amenazado por ese mundo al que como tú, tampoco pertenecía. Se ocultaba aquel en la túnica obscura.
miércoles, 18 de enero de 2012
Reflejado en sus Ojos V
Intentas por última vez tocarle lo que parece un hombro y el ser se detiene frente a ti con su espalda mirándote, el ser levanta la mano con un dedo alzado y moviéndolo de izquierda a derecha unas cuantas veces te indica su negativa ante tu deseo de verle el rostro… negativa que fue ignorada por tu imprudencia. Súbitamente le jalas por el hombro y vislumbras el resto del ser de las Sombras.
martes, 17 de enero de 2012
Reflejado en sus Ojos IV
Y miras, a un ser vestido con una túnica negra como el único errante en ese mundo, y por su única prenda, que es una nota más del acorde de las Sombras, no le ves el rostro y te queman las ganas de vérselo, ya muchas incógnitas han ralentizado tu psique. Te acercas caminando con paso firme pues igual no se pueden producir sonidos en este universo de Sombras, y aunque le tratas de hablar al misterioso ser desde una distancia prudente, caes de nuevo en cuenta que para hacerle notar tu presencia se requerirá un contacto físico entre tú y el ser y no mudas palabras que nunca serán un medio para expresarse; acarreado por el deseo de contactar con algo vivo te acercas más y más al ser de la negra túnica hasta que lo tienes al alcance de tu brazo y asestas el toque… que fue fallido, pues el ser se movió más rápido justo antes de que le tocaras; intentas repetidamente lo mismo para satisfacer tu egoísta necesidad de no perder la cabeza en un mundo de Sombras al cual, le empiezan a nacer más brotes de sangre, poco notables hace un tiempo, pero ahora muy evidentes como una mancha roja en un mantel blanco; en este caso, mantel negro de la mesa de tu vida donde ahora degustas el platillo de la duda.
lunes, 16 de enero de 2012
Reflejado en sus Ojos III
Te acercas al Espejo más próximo a tu alcance y te ahogas en él al ver tu mundo natal con saturada coloración dentro de él, allá parece un día normal: igual a muchos y diferente a otros, y al acercarte a él y no verte reflejado, empezaste a sentir que no pertenecías a la Realidad de las Sombras, que ciertamente es el reflejo obscuro de tu mundo: La Realidad de la Luz. Te quedas anonadado en el reflejo luminoso que resalta a ese mundo hasta que escuchas algo; te volteas y te acercas a ese sonido constante que aumenta su intensidad a cada movimiento que das.
Pasos, escuchas pasos. Constantes con precisión de metrónomo, unos pasos que deambulan en ese mundo gris carente de sonidos… es cierto, no has dicho o emitido sonido alguno, tratas de decir algo tal y como siempre lo harías, pero nada se escucha, sólo ese paso constante. Te sigues moviendo por tu casa hasta salir al exterior donde la anémica iluminación proviene de objetos sin vida que expresan lo poco que reciben de la Realidad de la Luz, a la cual ya no pertenecerás.
Pasos, escuchas pasos. Constantes con precisión de metrónomo, unos pasos que deambulan en ese mundo gris carente de sonidos… es cierto, no has dicho o emitido sonido alguno, tratas de decir algo tal y como siempre lo harías, pero nada se escucha, sólo ese paso constante. Te sigues moviendo por tu casa hasta salir al exterior donde la anémica iluminación proviene de objetos sin vida que expresan lo poco que reciben de la Realidad de la Luz, a la cual ya no pertenecerás.
domingo, 15 de enero de 2012
Reflejado en sus Ojos II
Abre los ojos e indaga a tu alrededor, te limpias los ojos, pues piensas que no ves bien, posteriormente te percatas que no eres tú sino la obscura esencia que satura al aire, espero por cierto, que te rodea. Una habitación como muchas, con los requerimientos básicos para un ser humano como tú. Movido por la curiosidad empiezas a indagar el contenido de la misma, buscando algo con la esperanza de encontrar algo que te diga o advierta tu ubicación espacial… espera, ¿no notas algo tremendamente familiar? Es tu habitación, aunque hay algo mal con ella, tal parece que está al revés de cómo debería estar, como si la vieras con un espejo siempre, y claro, pintada con esa gama de grises de la cual apenas te estás acostumbrando.
Movido por la intriga, tocas la fría perilla de tu puerta y sales a explorar el mundo de Sombras que a cada paso que das te confunde aún más. Exploras tu propia casa como si fueras un intruso en ella, recorriendo cada pasillo y rincón en busca de contacto humano, que ya hace falta; encuentras todo tal cual debería estar, pero en inverso, se entiende. Las letras están al revés, y las ahora inversas etiquetas que leías a diario son un reto para descifrar; pero tú, ¿Cómo te has de ver en este mundo?
Movido por la intriga, tocas la fría perilla de tu puerta y sales a explorar el mundo de Sombras que a cada paso que das te confunde aún más. Exploras tu propia casa como si fueras un intruso en ella, recorriendo cada pasillo y rincón en busca de contacto humano, que ya hace falta; encuentras todo tal cual debería estar, pero en inverso, se entiende. Las letras están al revés, y las ahora inversas etiquetas que leías a diario son un reto para descifrar; pero tú, ¿Cómo te has de ver en este mundo?
sábado, 14 de enero de 2012
Reflejado en sus Ojos I
En este mundo donde la muerte pasa sólo a ser un dato más para llenar una tabla de estadísticas, donde el carmesí sanguíneo es el color de la insípida ciudad y donde sonreír es como ver un cometa, yaces como el neófito de turno.
Sí, tú que no esperabas verte envuelto en este desconocido ambiente llegaste por meros azares del destino. Saliste de tu colorida vida para conformarte con la infinita escala de grises, tan contrastada por el rojo de la sangre que hace eco en la Realidad de las Sombras.
Sí, tú que no esperabas verte envuelto en este desconocido ambiente llegaste por meros azares del destino. Saliste de tu colorida vida para conformarte con la infinita escala de grises, tan contrastada por el rojo de la sangre que hace eco en la Realidad de las Sombras.
jueves, 11 de agosto de 2011
Erdormung
Si hay algo muy poco común en mí, es ir directo al punto. Haré caso de mi forma de ser para expresar algo en concreto, supongo que nunca está de más hacer algo distinto con el curso de la vida de una persona, ¿no creen? Sabrá Dios a cuántos no he ayudado con mis servicios.
Asesinar.
Un día, estaba paseando en la fiesta más grande de mi pueblo con mis amigos. Todo normal, todo bien, nada que saltase de lo normal. Andábamos vagando en la zona comercial, viéndonos por ahí en una de esas tiendas de cosas de Metal, ustedes saben: Camisetas, dijes, anillos, parches e incluso uno que otro disco de música nacional. Todo bueno, todo certero, todo alucinante.
En lo personal me llamó un pequeño pentagrama inverso que estaba en el mostrador, cumplía con la regla de las 3 B’s: Bueno, bonito y barato. Así que pensé “Joder, que esto no me saldrá de nuevo en mucho tiempo” Me acerqué hacia el dependiente y tenía pensado comprarlo. Todo normal, todo tranquilo; un alma más del sistema capitalista complaciendo sus deseos de comprar un bien que sería de utilidad visual, un ser que no hacía nada pecaminoso ni merecía.
Un tipo ahí (mucho más grande que yo y con rasgos muy toscos) se me atravesó y cortó el paso hacia el dependiente, haciéndome perder el equilibrio y casi caer pues unas camisas de Helloween me hicieron el favor de ayudarme a aguantar mi caída. El trabajador, que confundido atendió al interfecto por que “había llegado primero”, me dijo que era el último pentagrama y que mañana ya se iban de ahí.
Ante eso, el grandulón me miró de una manera atroz y se empezó a reír secamente de mí, mi “mala suerte” y mi casi caída para besar el suelo. Las personas de por aquí no suelen ser de malas intenciones y por lo general son educadas, pero ese perro era malo. Me entró un rencor que tuve que contener en lágrimas. Me fui con mis amigos (que ya estaban en otro local) y fingí demencia ante mis ojos rojizos. No lo iba a olvidar. Aún sentía esa mirada acosadora y su puta risa del infierno.
Ante eso, el grandulón me miró de una manera atroz y se empezó a reír secamente de mí, mi “mala suerte” y mi casi caída para besar el suelo. Las personas de por aquí no suelen ser de malas intenciones y por lo general son educadas, pero ese perro era malo. Me entró un rencor que tuve que contener en lágrimas. Me fui con mis amigos (que ya estaban en otro local) y fingí demencia ante mis ojos rojizos. No lo iba a olvidar. Aún sentía esa mirada acosadora y su puta risa del infierno.
Ya mucho después, mi buena y servicial mente se hizo cargo de sepultar eso en el subconsciente. Me fui a los juegos con mis amigos, pasamos adrenalina, risas y demás asuntos de jóvenes en el evento mayor. Un buen rato con conocidos es bueno para todos. Sobre todo necesario… más aún cuando al final sabes que te dejarán solo. ¿Por qué tenía que pasar?
Ya fuera del lugar en donde hace unas horas se congregó la gente en su algarabía de consumismo, me hallaba yo en camino a regresar a un punto de encuentro acordado con mi padre, pero tuve que pasar por un lugar con poca iluminación. Y de nuevo escuché esa maldita risa, y se acercaba lentamente con unos pasos resonando en el suelo. Era él; logré fijarme que se sacaba un objeto de unos 25 cm del pantalón. Y venía por mí, no sé qué quería hacer, no sé por qué era yo una futura víctima de la mano de la muerte… Tenía mucho miedo, mis músculos no querían responder y sentí ese cliché de ver mi vida pasar frente antes del último golpe. Un vacío asesino en el estómago, una garganta que se contraía a si misma en un intento de suicidarme fallidamente y una mente recién salida de recuerdos que trató en vano de pensar qué demonios hacer.
Pues un reflejo salvador y tan oportunista me salvó y corrí (inesperadamente) hacia él. Tenía mucho miedo, y a la vez determinación de mis actos. También se sorprendió y lo logré tumbar e hice que se golpeara la cabeza con el borde de la acera. Oh, gracias mi Satán redentor… me cargué a la puta raquítica de túnica negra y guadaña.
Simplemente, el miedo se convirtió en ira, odio, desprecio, bestialidad; esas cosas que en mi tranquilo estilo de vida no encontraban templo de propagación aún. Mi vista se fijó en el metal brillante del suelo. Y la ira tomó forma de cuchillo. Y el cuchillo se adecuó entre un par de costillas y un pulmón demacrado. Puro éxtasis, puro arte sensorial. Si supieran cuán gratificante, magnífica, sustancial y dulce es la sensación de ver caer a un bastardo mal nacido por tus propias manos, por tus medios y sin que este lo esperara… oh, sí. Esa falsa esperanza que se esfumó en él cuando sintió el filo de mi acero penetrando en él, desgarrando fibra a fibra y purificando mi alma de malos pensamientos.
Me quedó viendo a los ojos, no sé si él murió antes o después de poner esa mirada fija de miedo y confusión. Pero lo que si sé es que disfruté mucho, no hay nada similar a ello. Es ese tipo de cosas sui generis de la que no encuentras emuladores de ningún tipo. Nada como sentir los retortijones de músculos que se abren entre ellos, nada como ese grito ahogado tapado por tu palma divina, no hay como esas muecas de intenso dolor mortal que son preludio de “la morte noire”
…
Y bueno, me estoy saliendo de tema… al final tomé mi pentagrama inverso, le dejé unas monedas y le di las gracias. Hey, que no todos los días te revenden algo que tú querías y al mismo precio.
Llegué a mi destino más alegre que nunca a esperar, llegó mi transporte y subí con una sonrisa tal que incluso mi papá me comentó: “Hey, parece que te la pasaste en grande, ¿eh?”
Llegué a mi destino más alegre que nunca a esperar, llegó mi transporte y subí con una sonrisa tal que incluso mi papá me comentó: “Hey, parece que te la pasaste en grande, ¿eh?”
“De maravila, Padre. Esta noche nunca la olvidaré, me divertí como nunca”
Mi padre río un poco y dijo que había pizza de cenar. El día no pudo haber sido mejor.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Una que Nunca Fue
Érase una vez en Holanda
un par de críos con bufanda
eran lindos y blanquitos
más no por eso unos diablillos
un par de críos con bufanda
eran lindos y blanquitos
más no por eso unos diablillos
Eran un par de hermanos
criados por muchas manos
uno muy gracioso
el otro un ocioso
criados por muchas manos
uno muy gracioso
el otro un ocioso
Vivían en un convento jesuita
ellos servían de mozos
siempre enviados por la hermana Rita
por más agua al pozo
ellos servían de mozos
siempre enviados por la hermana Rita
por más agua al pozo
Un día, los dos muy hastiados
decidieron huir, fugarse
pero los muy ilusionados
de nada lograron equiparse
decidieron huir, fugarse
pero los muy ilusionados
de nada lograron equiparse
Era un día agustino y nublado
el Sol apenas se vislumbraba
pero los hermanos ya se habían marchado
el Sol apenas se vislumbraba
pero los hermanos ya se habían marchado
-¿Pero qué hicimos?-, el pequeño replicaba
-¡Esas monjas nos amaban!-
-Calla-, contestó el otro, -Todas eran unas amargadas-
-¡Esas monjas nos amaban!-
-Calla-, contestó el otro, -Todas eran unas amargadas-
El resto del viaje fue muy callado
pasaron por pueblos, montañas y demás
pero ni un suspiro se había escuchado
parecía que no hablarían más
pasaron por pueblos, montañas y demás
pero ni un suspiro se había escuchado
parecía que no hablarían más
Pero algo los unió, algo inesperado
una grata sorpresa que a ambos alegró
con una bella felina se habían topado
era mejor eso de Vivaldi mil rondós
una grata sorpresa que a ambos alegró
con una bella felina se habían topado
era mejor eso de Vivaldi mil rondós
Pero cómo bautizar a la emergente gatica
cómo nombrar a tal peluda amiga
El primogénito gritó - ¡Benita!-
y el segundo respondió –Como usted diga-
cómo nombrar a tal peluda amiga
El primogénito gritó - ¡Benita!-
y el segundo respondió –Como usted diga-
Entre risas y penas los jóvenes vivieron
ya en la madurez, ambos cortaron camino
no sin antes prometerse un mejor destino
frente a una fuente eso se prometieron
ya en la madurez, ambos cortaron camino
no sin antes prometerse un mejor destino
frente a una fuente eso se prometieron
El pequeño se volvió actor
el grande, un gran doctor
Benita la gata tuvo muchos gatitos
todos ellos muy peluditos
el grande, un gran doctor
Benita la gata tuvo muchos gatitos
todos ellos muy peluditos
Hoy en día el final es desconocido
las palabras se las llevó el viento
yo, escriba, nada de esto he vivido
pero innumerables cosas yo presiento
las palabras se las llevó el viento
yo, escriba, nada de esto he vivido
pero innumerables cosas yo presiento
Sólo algo es seguro, las bufandas aún viven
surcando están en el azul cielo
un nuevo par de amos ellas a la vida exigen
buscando desde el desierto hasta el eterno hielo
surcando están en el azul cielo
un nuevo par de amos ellas a la vida exigen
buscando desde el desierto hasta el eterno hielo
Escudriñando entre mis múltiples libretas que se camuflajean desinteresadamente entre el desorden general de mi hogar, encontré un poema/cuento que escribí hace ya un largo tiempo, el poema/cuento que acaban de leer. Se supone que ese era el “cuento corto” con el que entraría a un concurso de mi escuela, pero la maestra me dijo que eso en sí, no era un cuento.
Entonces, un sábado en carencia de fulgor solar me torné iracundo, puse buena música de fondo (Metal, Hell Yeah!!!) y comencé a abortar lo que sería “Desvélate”, la entrada del 31 de Octubre de 2010 acá en Laude Vitae. Y la diferencia entre uno y otro es… vaya, abismal.
Creo que puedo considerar a esta composición como el Álter Ego de “Desvélate”, claro está, nunca lo titulé y por ello le dejaré así, carente de nombre, como el hijo bastardo de algún monarca. Por ello, mi creación es una que nunca fue.
Nosce Te Ipsum
domingo, 31 de octubre de 2010
Desvélate
Hoy te irás a dormir pensando en esto, quizá no deberías leerlo si un dulce sueño es lo que esperas, cosas terribles he vislumbrado sobre tu sueño, está en ti seguir leyendo estas líneas, quizá por morbosidad o quizá por curiosidad, en cualquier caso recuerda que no será nada lindo.
Parece que sigues aquí… comencemos. Di tus plegarías, todo ha comenzado. Te despiertas en un lugar oscuro, brumoso y con una esencia a hierro que infecta el aire, te levantas y te percatas que el cielo llora sangre, a pesar de ser sólo una llovizna tratas de buscar refugio, pero lo que ves en el horizonte es sólo un páramo sin rastros de civilización. Te volteas y ves una montículo de algo en llamas, te acercas para ver y te das cuenta de que una montaña de cadáveres está siendo calcinada por un misterioso fuego, pareciera que éste se alimentara de la sangre que llovizna, pareciera que inclusive respira esa pestilencia que te asquea; te alejas confundido de ahí y sientes una respiración en la espalda, un hálito que te inyecta una gran dosis de terror. Gritas y volteas de golpe, ves un espectro negro que desaparece con una punzante risa demoniaca. Quedas estupefacto y empiezas a correr sin rumbo fijo, tu pulso se acelera drásticamente, empiezas a sudar frío y a temblar. Te acabas de resbalar con algo, te levantas y ves que son cenizas fosilizadas, eso te deja unos raspones en las manos, y hasta ahora te vienes a dar cuenta de que estás desnudo, empiezas a sentir el frío como una penetrante daga en carne tierna. El congelamiento es inminente, ves una poza de sangre, te acercas y la tocas con un dedo, sientes que está tibia; te metes y la sientes acogedora y cálida, le agradeces a los negros cielos por tan bella suerte. Felicidades, la locura se ha vuelto tu sombra. Tocas el fondo y sientes astillas, sacas un puñado de ellas y ves que son huesos rotos en miles de fragmentos. Eso no te viene importantando y tratas de disimular que no te dolió, aunque en realidad sí, cualquier dolor es mejor al frío con el que pudiste haber muerto. Unos momentos después, escuchas que algo se mueve, te sales de la tina de sangre y vislumbras a una forma humanoide… ésta te ve y toma una actitud hostil, corre hacia ti, escuchas su grito de guerra y te paralizas. No hay tiempo para correr o escapar, tomas el arma que está a tu lado. La adrenalina satura tu cuerpo, empuñas lo que parece un colmillo gigante y atacas al humanoide. Fallas y éste te deja inconsciente… en ese lapso llegan recuerdos de tu vida pasada y sólo en una incógnita piensas: “Dios, ¿por qué me has abandonado en este infierno?”. Te despiertas, un engendro está a tu lado, está dormido, miras a tu alrededor y ves a un grupo de seres extraños, gateas y tratas de escapar, pero tus intentos se ven amenazados por algo que se mueve en un pasillo cercano, tomas una oportuna roca puntiaguda y esperas a que llegue el momento… le has dejado con el cráneo hecho pedazos, lo miras con su materia encefálica chorreando y ves que era un ser humano… empiezas a llorar, pero tu llanto no despierta a los seres que estaban dormidos, pues para ellos es más como una plácida canción de cuna; escuchas de nuevo esa risa punzante, te volteas y nada hoy. Dejas de lamentarte y tomas la ropa de tu ya muerto ser, te vistes con esas curiosas prendas. Encuentras una salida, tomas una antorcha y exploras el oscuro exterior; el fulgurante fuego de tu antorcha parece hablarte en un idioma extraño, lo ignoras hasta que pronuncia algo comprensible: “Corre". Acto seguido, el fuego se apaga y una horda de sombras de varias formas y tamaños viene hacia ti, corres a toda marcha… un proyectil besa la carne de tu pierna y tu impactas contra el pedregoso suelo, sangras y sientes un agudo dolor, eso no te impide seguir corriendo. Lloras mientras corres en esa obscuridad que no hace más que acercarte a la locura. Después de unos minutos te das cuenta de que nada te ha perseguido, todo ha sido una alucinación la oscuridad se ha ido. Una rabia invade tu cuerpo, luego te ves ahogado en un pesar inmenso. Empiezas a llorar, pasan horas y pides una intervención divina. Miras a tu izquierda y ves algo parecido a un altar de sacrificios, el cual tiene restos de un ser vivo. Miras una piedra con un dibujo de lo que parece un ser alado… ¿el Ángel de la Muerte? Estás en el comedor del monarca del reino de los muertos, un vacio se apodera de ti. Te recargas en el altar y hórridas memorias llegan a tu mente, la presión que ejercen sobre tu débil mente es brutalmente sobrenatural; lo más oscuro de la realidad llega a ti en una mezcla incomprensible, caes silenciosamente y ves el cielo… es negro. La sangre empieza a caer más y más fuerte, ocurre un épico monzón infernal, y empiezas a flotar en esa afluente carmesí. No eres más que una patética víctima dejada a su suerte un pobre diablo abandonado en el infierno, sientes un cosquilleo en la espalda, metes la mano al agua y agarras una sanguijuela, la miras con tus cansados ojos y la muerdes, sabe deliciosa, todo un manjar. La locura ahora es contigo una sola. Escuchas de nuevo a esa risa y te dice algo: “Tu dolor es mi éxtasis, me carcajeo de tu sufrimiento, me has incitado a más y más por el resto de Mi eternidad”. El cielo negro se torna enceguecedor, el miedo puro es el aire que respiras, tus pulmones son contenedores de los innombrable de las sensaciones negras del hombre, no sabes qué te depara el futuro, no sabes si ya moriste y vives el infierno, tus sentidos dejan de funcionar, quedas en un bello estado catatónico. Oyes una sinfonía compuesta por gritos desgarrantes que laceran tus oídos, los seres infernales son los artistas y tú eres el público, no puedes soportar más pero aún así nada lo puede parar. Las arenas del tiempo se han detenido en tí, levitas en un mundo obscuro, tu aura es un punto de luz en un universo de oscuridad absorvente. Cierras los ojos y empiezas a rezar de nuevo, es más que inútil, tu pesadilla acaba de empezar. Sólo te resta resignarte, el destino te ha dejado botado como menos que escoria… escuchas la risa del Ángel de la Muerte por última vez. Un sonido familiar te despierta, estás en tu cama, nada ha acontecido realmente, sólo ha sido una noche de paso en el averno. Empiezas a llorar con tan sólo recordarlo, tus lágrimas se quieren suicidar. Desvélate por la eternidad querido lector, a menos que quieras vivir éste infierno. Recuerda que yo te advertí, so morboso, ni te atrevas a reprochar cosa alguna. La curiosidad mató al gato, y a ti te condenó a un insomnio eterno.
Parece que sigues aquí… comencemos. Di tus plegarías, todo ha comenzado. Te despiertas en un lugar oscuro, brumoso y con una esencia a hierro que infecta el aire, te levantas y te percatas que el cielo llora sangre, a pesar de ser sólo una llovizna tratas de buscar refugio, pero lo que ves en el horizonte es sólo un páramo sin rastros de civilización. Te volteas y ves una montículo de algo en llamas, te acercas para ver y te das cuenta de que una montaña de cadáveres está siendo calcinada por un misterioso fuego, pareciera que éste se alimentara de la sangre que llovizna, pareciera que inclusive respira esa pestilencia que te asquea; te alejas confundido de ahí y sientes una respiración en la espalda, un hálito que te inyecta una gran dosis de terror. Gritas y volteas de golpe, ves un espectro negro que desaparece con una punzante risa demoniaca. Quedas estupefacto y empiezas a correr sin rumbo fijo, tu pulso se acelera drásticamente, empiezas a sudar frío y a temblar. Te acabas de resbalar con algo, te levantas y ves que son cenizas fosilizadas, eso te deja unos raspones en las manos, y hasta ahora te vienes a dar cuenta de que estás desnudo, empiezas a sentir el frío como una penetrante daga en carne tierna. El congelamiento es inminente, ves una poza de sangre, te acercas y la tocas con un dedo, sientes que está tibia; te metes y la sientes acogedora y cálida, le agradeces a los negros cielos por tan bella suerte. Felicidades, la locura se ha vuelto tu sombra. Tocas el fondo y sientes astillas, sacas un puñado de ellas y ves que son huesos rotos en miles de fragmentos. Eso no te viene importantando y tratas de disimular que no te dolió, aunque en realidad sí, cualquier dolor es mejor al frío con el que pudiste haber muerto. Unos momentos después, escuchas que algo se mueve, te sales de la tina de sangre y vislumbras a una forma humanoide… ésta te ve y toma una actitud hostil, corre hacia ti, escuchas su grito de guerra y te paralizas. No hay tiempo para correr o escapar, tomas el arma que está a tu lado. La adrenalina satura tu cuerpo, empuñas lo que parece un colmillo gigante y atacas al humanoide. Fallas y éste te deja inconsciente… en ese lapso llegan recuerdos de tu vida pasada y sólo en una incógnita piensas: “Dios, ¿por qué me has abandonado en este infierno?”. Te despiertas, un engendro está a tu lado, está dormido, miras a tu alrededor y ves a un grupo de seres extraños, gateas y tratas de escapar, pero tus intentos se ven amenazados por algo que se mueve en un pasillo cercano, tomas una oportuna roca puntiaguda y esperas a que llegue el momento… le has dejado con el cráneo hecho pedazos, lo miras con su materia encefálica chorreando y ves que era un ser humano… empiezas a llorar, pero tu llanto no despierta a los seres que estaban dormidos, pues para ellos es más como una plácida canción de cuna; escuchas de nuevo esa risa punzante, te volteas y nada hoy. Dejas de lamentarte y tomas la ropa de tu ya muerto ser, te vistes con esas curiosas prendas. Encuentras una salida, tomas una antorcha y exploras el oscuro exterior; el fulgurante fuego de tu antorcha parece hablarte en un idioma extraño, lo ignoras hasta que pronuncia algo comprensible: “Corre". Acto seguido, el fuego se apaga y una horda de sombras de varias formas y tamaños viene hacia ti, corres a toda marcha… un proyectil besa la carne de tu pierna y tu impactas contra el pedregoso suelo, sangras y sientes un agudo dolor, eso no te impide seguir corriendo. Lloras mientras corres en esa obscuridad que no hace más que acercarte a la locura. Después de unos minutos te das cuenta de que nada te ha perseguido, todo ha sido una alucinación la oscuridad se ha ido. Una rabia invade tu cuerpo, luego te ves ahogado en un pesar inmenso. Empiezas a llorar, pasan horas y pides una intervención divina. Miras a tu izquierda y ves algo parecido a un altar de sacrificios, el cual tiene restos de un ser vivo. Miras una piedra con un dibujo de lo que parece un ser alado… ¿el Ángel de la Muerte? Estás en el comedor del monarca del reino de los muertos, un vacio se apodera de ti. Te recargas en el altar y hórridas memorias llegan a tu mente, la presión que ejercen sobre tu débil mente es brutalmente sobrenatural; lo más oscuro de la realidad llega a ti en una mezcla incomprensible, caes silenciosamente y ves el cielo… es negro. La sangre empieza a caer más y más fuerte, ocurre un épico monzón infernal, y empiezas a flotar en esa afluente carmesí. No eres más que una patética víctima dejada a su suerte un pobre diablo abandonado en el infierno, sientes un cosquilleo en la espalda, metes la mano al agua y agarras una sanguijuela, la miras con tus cansados ojos y la muerdes, sabe deliciosa, todo un manjar. La locura ahora es contigo una sola. Escuchas de nuevo a esa risa y te dice algo: “Tu dolor es mi éxtasis, me carcajeo de tu sufrimiento, me has incitado a más y más por el resto de Mi eternidad”. El cielo negro se torna enceguecedor, el miedo puro es el aire que respiras, tus pulmones son contenedores de los innombrable de las sensaciones negras del hombre, no sabes qué te depara el futuro, no sabes si ya moriste y vives el infierno, tus sentidos dejan de funcionar, quedas en un bello estado catatónico. Oyes una sinfonía compuesta por gritos desgarrantes que laceran tus oídos, los seres infernales son los artistas y tú eres el público, no puedes soportar más pero aún así nada lo puede parar. Las arenas del tiempo se han detenido en tí, levitas en un mundo obscuro, tu aura es un punto de luz en un universo de oscuridad absorvente. Cierras los ojos y empiezas a rezar de nuevo, es más que inútil, tu pesadilla acaba de empezar. Sólo te resta resignarte, el destino te ha dejado botado como menos que escoria… escuchas la risa del Ángel de la Muerte por última vez. Un sonido familiar te despierta, estás en tu cama, nada ha acontecido realmente, sólo ha sido una noche de paso en el averno. Empiezas a llorar con tan sólo recordarlo, tus lágrimas se quieren suicidar. Desvélate por la eternidad querido lector, a menos que quieras vivir éste infierno. Recuerda que yo te advertí, so morboso, ni te atrevas a reprochar cosa alguna. La curiosidad mató al gato, y a ti te condenó a un insomnio eterno.
Nosce Te Ipsum
lunes, 18 de octubre de 2010
Oryctolagus Leporidae
Y todo comenzó así
En un campo cercado, vivía un joven conejito
Un conejito feliz de la vida
Con muchos hermanitos conejos
Era un martes 10 de agosto de 2010
Ya era de medianoche, una medianoche más
Pero el conejito no se podía ir a dormir
Ya había comido y bebido, pero... había demasiada agua en la zona en la que vivía
En pocas palabras, su vecindario estaba inundado
Y no encontraba en donde dormir el pobre con insomnio
Buscaba y buscaba, pero no hallaba un lugar digno para su reposo
Detenido, se posó para observar las estrellas, un bello cielo nocturno
Astros de épocas antiquísimas que posaron para él
Y que el destino le permitió ver esa única noche
Él estaba acostumbrado estaba a ver las estrellas en todo esplendor
No se imaginaba lo distante que se encontraban de donde él
Siguió andando con paso ligero por un camino limpio y seco
Cuando escucha que algo se acerca
Un objeto grande y de un material desconocido que se arrastraba
Artefacto que emitía un zumbido peculiar, como rugido de lince constante
Y emanaba unos rayos solares que se movían en compás asincrónico
De repente, el objeto rojo se posa a un lado suyo
La luz le bañaba su peludo y marrón cuerpo
El conejo se queda quieto, intentando analizar qué sucedía
Un chasquido metálico se escucha
Unos animales raros farfullaron algo extraño
Un momento de calma, desconocimiento de lo que acontecería
Qué bellas se veían las estrellas esa noche
Aunque, nuestro peludo protagonista no estaba fijado en eso
Quedó absorto con el rojo artilugio y su luz que quedó estática
Ignorando el torpe a los seres que algo tramaban
…
-Un grito propio de un demonio-
Algo se incrustó a un lado suyo
El impacto le aturdió y dejó catatónico
Sólo escuchó ese chasquido de nuevo...
Lo último que escuchó en su miserable vida
El mismo demonio que rugía por segunda y última vez
Y así, concluyó la vida del pobre animal
El ángel de la muerte se le adelantó por mucho
Le laceró el pecho, y le dejó esferas en sus tiernas vísceras
Murió al instante la noble bestia
Al menos no sufrió tanto como otros lo han hecho
Curiosamente, lo último que vio fue a en conejo de la luna...
Maldita e irónica forma de morir
Y yacía ahí, mirando su cadáver el cielo pintando de estrellas
El conejo de la luna fue el testigo que observó cómo algo le arrebató la vida a su colega
Ese algo
Adivina quién fue
Nosce Te Ipsum.
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